Negocios tradicionales

Court Pastry, Court St , Brooklyn

Negocios tradicionales que mantienen el auténtico sabor de los barrios, en este caso Cobble Hill, Brooklyn.

Brooklyn Bridge al atardecer

Brooklyn Bridge

Ciertamente, la construcción de la nueva bike lane separada del nivel de los peatones en el Brooklyn Bridge ha mejorado sustancialmente la experiencia de disfrutar de este landmark de Nueva York.

Además, parece que van completándose los trabajos de restauración que en los últimos años han venido llevándose a cabo en este emblemático puente.

Foggy night skyline

Lower Manhattan desde el Brooklyn Bridge Park

Podcast: Cinco lugares para disfrutar el skyline de NYC

Tetris is coming

Greenpoint Landing Block D., Brooklyn, NY

OMA

Path to the city

Squibb Park Bridge

Podcast: Park Slope y la tragedia de 1960

Podcast: Park Slope y la tragedia de 1960

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Traemos hoy al podcast la trágica historia del accidente aereo que en 1960 provocó la muerte a 134 personas y la caída de los restos de un avión comercial sobre las calles de Park Slope en Brooklyn.

Todos los métodos de contacto están aquí: https://linktr.ee/unminutoennuevayork

A medida que los vuelos en los modernos reactores de pasajeros se convertían en moneda común y el nuevo signo de los tiempos,  en 1960, un mortal accidente aéreo en pleno vuelo en el espacio aéreo  de Nueva York,  ensombrecería temporalmente ese fervor y fomentaría un clamor de la opinión pública por un mejor control y gestión de la seguridad del tráfico aéreo. 

Era el accidente que más temían los pilotos y pasajeros de la aún nueva era de los reactores: un tipo de catástrofe claramente nuevo, una que nunca había antes ocurrido en una zona urbana importante, una que habría parecido mucho menos aterradora solo unos años antes. cuando los aviones eran más pequeños y más lentos.

Corría la mañana el 16 de diciembre de 1960, paradójicamente un día antes del 57 aniversario del primer vuelo de los hermanos Wright en los bancos de arena de Kitty Hawk.

Los informes posteriores a la investigación por parte de las autoridades de aviación  civil, y también  de números testigos visuales y del radar de control de tráfico aéreo, sugieren que dos aviones, un DC-8 de United Airlines y un Super Constellation de Trans World Airlines, probablemente colisionaron en el aire sobre la vertical de Staten Island. 

El DC-8 procedía del aeropuerto de Chicago O’Hare con destino al aeropuerto Idlewild, llamado así por aquel entonces y ahora aeropuerto JFK, con 84 pasajeros a bordo. 

Por su parte, el Super Constellation volaba  desde Dayton y Columbus, en Ohio, hacia el aeropuerto de LaGuardia.

Ninguno de los aviones había informado hasta el momento sobre problemas técnicos, pero realmente el avión de United Airlines, estaba sufriendo problemas en sus sistemas de radio. 

Uno de los receptores a bordo del avión que rastreaban las señales de navegación no funcionaba correctamente.

Eso explicaría por qué el avión de United no entró en el patrón de espera que se suponía debía hacer y, debido a que los pilotos aparentemente no sabían su posición correcta, el DC-8 no redujo la velocidad a las 240 millas por hora, como le habían indicado los controladores.

En el fatídico momento, el DC-8 volaba a 360 millas por hora, impactando en el Super Constellation de TWA con uno de sus cuatro motores en la misma cabina de este.

Tras la colisión, los restos del  avión de TWA se estrellarían en el Miller Field, en la costa sureste de Staten Island, donde ahora se encuentra el New Dorp High School. 

No habría daños en tierra ni a personas ni a ninguna propiedad en este lugar.

Sin embargo, entre los tripulantes y pasajeros de este avión turbohélice no hubo supervivientes a pesar de que los 44 cuerpos hallados tras el siniestro fueron trasladados inmediatamente  al cercano  Hospital Seaview. 

Por otra parte, los restos del reactor cuatrimotor DC-8, llegarían despedidos cruzando el New York Harbor, desde el punto de impacto, hasta Park Slope, Brooklyn, y más precisamente hasta Sterling Place cerca de su intersección con la 7a avenida. 

Algunos testigos especularon que el avión de United intentaba realizar un aterrizaje de emergencia, tal vez en Prospect Park mientras descendía, pero no se encontraron evidencias de que los pilotos mantuvieran ya por entonces el control del aparato.

Inmediatamente la ciudad movilizaría a casi 2.500 efectivos ( entre policías, bomberos, médicos, enfermeras y voluntarios de protección civil), pero en estos primeros momentos, éstos no llegarían a comprender la magnitud del desastre al que se enfrentaban.

Solo cuando los primeros bomberos llegados al lugar encontraron la cola del avión, de una pieza con las letras de «United» todavía claramente visibles, se hicieron una idea de la magnitud de a lo que se enfrentaban..

La devastación provocada por los restos del reactor en esta densa zona residencial era significativa.

La sección de cola estaba depositada en la intersección de Sterling Place y Seventh Avenue; uno de los cuatro motores del avión había aplastado un automóvil cercano  y una sección de 25 pies de un ala había cercenado el tejado de una casa de cuatro pisos en el 126 de Sterling Place.

Otras Diez casas brownstone se incendiarían, junto con una funeraria en la intersección de las dos calles, un deli y una lavandería. 

Caso particular fie el de la Iglesia Llamada  del Pilar de Fuego, lugar de culto de una congregación cristiana Pentecostal, en el 123 de Sterling Place, un nombre trágicamente profético y ubicada a mitad de la manzana, que fue completamente destruida por la colisión de los restos del avión.

Un vigilante de esta  iglesia, de 90 años que allí se encontraba, resultó muerto en el acto, una de las seis víctimas mortales en tierra del accidente.

De los ocupantes del DC-8 siniestrado hubo en principio un único superviviente, Stephen Lambert Baltz, un niño de 11 años de Illinois, que viajaba para pasar las navidades en la cercana localidad de Yonkers con unos familiares, y que tras el choque de los restos del avión en tierra fue lanzado desde estos contra  una gran pila de nieve que se encontraba depositada por esas fechas en la calle. 

Sorprendentemente, cuando fue rescatado, todavía conservaba la consciencia para relatar a los servicios de emergencia su vista de la ciudad de Nueva York desde el aire  justo antes del momento del accidente, algo que describiría un médico del cercano Hospital Metodista de Brooklyn, donde fue trasladado.

Desgraciadamente, el niño fallecería al día siguiente víctima de una neumonía causada por respirar gases derivados de los restos de combustible del avión siniestrado. 

Esta tragedia aérea se convertiría en el accidente aéreo más mortal hasta la fecha en ese momento con un total de 134 víctimas, 128 de ellas a bordo de los dos aviones y 6 que se encontraban en las calles y edificios de Brooklyn.

También sería el primer accidente en ser investigado utilizando posteriormente la llamada «caja negra» del avión, dispositivo que hoy por hoy equipan a todos los aviones comerciales. 

Hoy en día, las cicatrices del accidente aéreo de 1960 se han reparado, borrado o reconstruido en su mayoría, pero todavía hay algunos restos y señales que se pueden encontrar en la actualidad.

La fábrica de ladrillo en la parte superior  del 126 de Sterling Place delata por su color y material diferentes al de los edificios gemelos de al lado, los trabajos posteriores de reconstrucción, así como la ausencia por completo de la cornisa en esta parte superior del edificio. 

Aunque no existe ninguna placa en Sterling Place para conmemorar esta trágico evento, se han colocado otros emblemas conmemorativos en diversos  lugares de Brooklyn. 

La compañía United Airlines adquirió en su momento una parcela en el cercano cementerio de Green-Wood para enterrar los restos no identificados de las víctimas. 

Además, en 2010, este tradicional y significativo cementerio de Brooklyn erigiría un monumento en honor a todas las víctimas del accidente. 

También, en la capilla del Brooklyn Methodist Hospital, donde falleció el niño Stephen Baltz, existe  una placa conmemorativa en honor a él y a los otros fallecidos.

En ella se encuentran incrustadas 4 monedas de diez centavos y cinco monedas de cinco que Baltz tenía en su bolsillo cuando fue rescatado, las cuales posteriormente serían donadas a este propósito  por su padre.

En cierto sentido esta catástrofe de Park Slope es casi un desastre fantasma, sin las imágenes compartidas universalmente como el Titanic o el zeppelin Hindenburg, un desastre que es, de forma extraña, casi olvidado por aquellos que bien no estaban allí o que no fueron tocados directamente por él.

Park Slope ha cambiado mucho desde 1960 hasta nuestros días y de hecho, era un barrio ya descrito por aquel entonces como «en transición». 

A mediados de la década de 1960, Park Slope fue «redescubierto» por jóvenes profesionales que se mudarían aquí atraídos por los alquileres asequibles y la calidad de vida que podría ofrecer a sus familias.

A base de la llegada de esta nueva población, y la profunda renovación del parque inmobiliario, ya en 1973  este vecindario era un hito en el ámbito de Nueva York.

Hoy, tanto el residente como el visitante tiene la oportunidad de degustar los paseos por sus arboladas calles y avenidas flanqueadas por sus características casas rojizas, perderse en la desbordante naturaleza del cercano Prospect Park o saborear su gran variedad de cafés, restaurantes, librerías o pequeños negocios que el barrio nos ofrece.

It’s that time of the year

Friday night vives

Hora de desconectar un poco tras la semana

Brooklyn se une a la competición de los Super Tall

El llamado «Downtown» de Brooklyn es una zona de gran actividad económica y es uno de los distritos más densos de la ciudad. Ello se traduce en la aparicón de nuevos rascacielos o ¨Super Talls que ya comienzan a rivalizar con sus homólogos de Manhattan.

Muestra de ello es 9 Dekalb Avenue, cuya estructura ya se levanta hasta los 327 metros de altura.

Hace ya algunos años, publicábamos en el podcast un episodio sobre los nuevos edificios que venían a la ciudad. Algunos ya se han materializado en realidades, mientras que otros siguen siendo proyectos…

A nivel más anecdótico, diremos que un ilustre vecino es este nuevo edificio comercial y de apartamentos es el ilustre Junior´s Bakery & Restaurant, donde a mi juicio, podremos tomar la mejor cheesecake de esta ciudad, además de otros variados platos clásicos de la cocina de diner.

Sobran palabras para describir esta delicia…

Podcast: ¿Qué son las Brownstones?

Podcast: ¿Qué son las Brownstones?

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En la obra del escritor Rex Stout, su emblemático personaje principal, el detective en la ficción Nero Wolfe, vive en una lujosa y acomodada casa con elegante fachada de piedra rojiza, con su planta principal vestida de grandes ventanales y a la que se accede mediante una escalinata con balaustrada del mismo material, y que se encuentra situada en la calle 35 Oeste de Manhattan.

La propia ciudad de Nueva York y The Wolfe Pack (su club de fans oficial) rindieron homenaje al propio escritor Rex Stout y a su excéntrico detective privado en la ficción, con una conmemorativa placa de bronce que fue instalada el 22 de junio de 1996 en este número 454 Oeste, de la calle 35.

Los aficionados a estas novelas habían identificado este número de la calle 35 como el sitio probable donde se ubicaría la ficticia casa que aparece en estas obras del género detectivesco.

La placa reza así: “En este sitio se encontraba la elegante Brownstone del corpulento detective privado en la ficción Nero Wolfe. Con su hábil asistente Archie Goodwin, el Sr. Wolfe cultivó tanto orquídeas como el buen comer, mientras resolvía más de setenta casos según lo escrito por Rex Stout entre 1934 a 1975 «.

Debido a que hoy en dia ya no quedan de estas casas de piedra rojiza o como vienen a llamarse, Brownstones, en esa parte de Nueva York, en su día, los productores se vieron obligados a utilizar el exterior de otra casa distinta, situada en el número 44 de de la calle 76 Oeste, en el upper West side de Manhattan, para el rodaje del ya clásico de televisión “A Nero Wolfe Mystery”

Empecemos por lo más básico: el material.

La deniminada piedra Brownstone es en realidad una piedra arenisca, específicamente una cuyo origen geológico se remonta al período Triásico-Jurásico. 

Cuando se corta en cantera por primera vez, esta piedra presenta en realidad un característico color rosáceo  para posteriormente adquirir paulatinamente su tono marrón clásico una vez que ha sido expuesta al aire. 

Como muchas construcciones tras el paso de los años, las fachadas y motivos ejecutados con esta característica piedra rojiza a menudo requerirá restaurarse después de años de exposición a la intemperie y pérdida de su atractivo color original, cuando no su propia integridad física al tratarse de una piedra relativamente blanda.

Además, lo creamos o no, la mayoría del material de las fachadas de las casas de piedra Brownstone de Nueva York provienen de un mismo lugar: la histórica cantera Portland Brownstone Quarry, ubicada en la localidad de Portland, sita en el vecino estado de Connecticut. 

Durante el apogeo de la piedra rojiza de Nueva York, desde la década de 1870 hasta la de 1890, este tipo piedra sería muy fácil y económica de extraer y se suministraba tanto desde esta cantera como de otras cercanas ubicadas en New Jersey.

Como aliciente adicional, la facilidad de transporte del material por vías acuáticas, principalmente desde Connecticut, la hacía fácilmente disponible para la industria de la construcción en Nueva York.

Desde su cantera, la piedra se cargaba en barcazas y se transportaba hasta la ciudad, donde se descargaba en grandes campas de almacenamiento que se hallaban tanto en la margen del río Hudson como en la del East River.

Sin embargo, aclaremos un concepto erróneo un tanto común: solo una pequeña parte de una casa denominada como Brownstone emplea esta piedra como material en su construcción.

Como material estructural, la piedra Brownstone no es viable: es blanda, y susceptible de agrietarse al someterse a cargas y eventualmente desmoronarse, por lo que los elementos estructurales portantes de estas edificaciones, generalmente de entre 3 y 5 plantas, son muros portantes de fábrica de ladrillo que sostienen sus forjados, generalmente compuestos por vigas de madera.

Lo que en muchos casos  la gente llama una «Brownstone» es en realidad una casa adosada en hilera construida también con muros portantes de ladrillo, pero con otros diversos acabados en fachada, tanto de fábrica de ladrillo, otras piedras u otro revestimiento y que siendo rigurosos, se denominan Townhouse.

El término Brownstone a menudo se usa incorrectamente para describir cualquier casa adosada entre medianeras y que atesore cierta edad desde su construcción, sin importar qué material se usó en ella. 

Solo aquellas con fachada formada por aplacado exclusivamente formado por esta característica piedra arenisca rojiza, puede ser calificada como Brownstone.

No es de extrañar que incluso los agentes inmobiliarios a veces se equivocan, bien por desinformación o intencionadamente cuando indebidamente las incluyen y describen como tal en sus listados de propiedades en venta.

Las Brownstone emanan un aura de permanencia en el tiempo y antigüedad a pesar de que son un producto de la revolución industrial y los cambios sociales y económicos que ésta trajo.

A mediados del siglo XIX, cuando se estaban construyendo algunas de estas primeras casas entre medianeras en las ciudades, los estadounidenses estaban bastante obsesionados con los ideales del clasicismo romántico, específicamente con la adoración de la naturaleza por parte de las corrientes artísticas del momento. 

Para entonces, esta Revolución Industrial en marcha ya había marcado el comienzo de una racionalización generalizada de la producción industrial. 

Esto trajo el que se construyeran muchos edificios nuevos y muy rápidamente. 

El clasicismo romántico sería una respuesta a este trepidante ritmo de la urbanización, un recordatorio de que la naturaleza no sólo era necesaria, sino también deseable.

La tipología de casa Brownstone fue el feliz matrimonio de estos dos mundos aparentemente opuestos. Las máquinas a vapor permitirían a los trabajadores cortar y dar forma a esta piedra rojiza de un modo más rápido y de forma más barata que nunca, haciéndola asequible, mientras que sus tonos orgánicos evocarán la belleza y el poder de la naturaleza.

El palazzo italiano del siglo XV, el símbolo del Renacimiento, fue la principal inspiración para las Brownstones del llamado estilo italiano. Los detalles del repertorio formal clásico y su elegancia se consideraron eminentemente adecuados para simbolizar la prosperidad y la posición social de los nuevos neoyorquinos representados en un espacio limitado de fachada.

Para estos propietarios de casas adosadas de clase media que querían probar el sabor del lujo, la piedra rojiza en la fachada de su vivienda era el camino a seguir. 

Por poco dinero, mucho menos de lo que podría costar revestir su fachada con piedra caliza, granito o mármol, un nuevo propietario podría hacer que se construyera una fachada de Brownstone de seis pulgadas de espesor, completada con una elegante escalinata ascendente o como aquí se denominan “stoop” además de cualquier hermoso motivo decorativo tallado en la piedra que su sensibilidad estética o gusto artístico deseara incluir.

Algunas de estas construcciones residenciales incluso incluían motivos de cantería representando en las fachadas de piedra los rostros de los propios dueños a modo de conmemoración personal.

Otros sin embargo optaban por tener el rostro de alguna celebridad representada en la fachada de residencia pero se no han encontrado muchos ejemplos en buen estado de estos ejemplos, debido a que a pesar de que esta piedra es muy fácilmente trabajable, no funciona bien cuando se le ha de dar formas muy precisas y sutiles como las de un rostro humano y los rasgos faciales se deslaminan pronto, o se desgastan por la acción de los agentes meteorológicos del exigente clima del Noreste americano.

La mayoría de artesanos que tallaron la piedra de las Brownstones de Nueva York eran inmigrantes alemanes que trabajaban en condiciones laborales deplorables en grandes talleres de cantería situados en algunos casos al aire libre.

En 1852, un artículo del New York Times relataba la «sorprendente perfección del trabajo» y a su vez describía la conmoción del periodista ante la «tos seca y la apariencia demacrada» de algunos de los trabajadores de cantería que el artículo retrataba.

El Times ofrecía a su vez en su artículo a los canteros este útil consejo: «cubrirse la boca o la cara con una gasa».

Entonces, si esta arenisca rojiza se hizo popular en parte porque era barata y fácil de trabajar, ¿cómo evolucionó este material hasta simbolizar en nuestros días la posición social de una clase acomodada y pudiente? 

Y es más. Lo que hoy ocupa nuestras conversaciones y comentarios cuando recorremos la ciudad y podemos admirar alguna de estas Brownstones: ¿De dónde vienen los precios desorbitados de estas casas en el mercado inmobiliario actual?

Como en muchos otros aspectos de la economía y los mercados, la respuesta la encontramos en un factor que generalmente despierta el interés de los agentes: la escasez del bien.

Las canteras de Portland se cerraron en primera instancia en la década de 1940 después de unas fuertes inundaciones para luego reabrirse a mediados de la década de 1990, proporcionando una buena reserva de piedra para trabajos de reparación y restauración. 

Pero las regulaciones ambientales ya vigentes entonces provocarían que estas canteras de Connecticut de nuevo se clausurasen y esta vez de forma ya definitiva.

Después de casi 300 años de explotación, la cantera Portland Brownstone Quarry cesó definitivamente en su actividad en el año 2012, y aunque hay otros lugares en el mundo donde se extrae piedra arenisca con similares tonos rojizos o rosados, los expertos afirman que no hay ninguna como la piedra que en su día venía desde Portland.

Eso inevitablemente contribuye a que las renovaciones y rehabilitaciones sean difíciles y costosas.

Stoop

No puedo pasar de puntillas y dejar sin mencionar una vez más una de las características visuales más distintivas de las Brownstones de Nueva York e integradas desde siempre en el imaginario de la cultura popular, como es su característica escalinata de acceso a la planta principal, el llamado “stoop” una palabra apropiada de «stoep», el término holandes  para «escalera». 

En los primeros días de New Amsterdam, los colonos holandeses construían estos escalones de acceso a la vivienda para elevar el piso de su planta noble por encima del nivel de potenciales inundaciones, pero algunos estudiosos incluso postulan que estas características escaleras de Nueva York se construyeron para elevar el piso de la sala noble por encima de un auténtico «mar de estiércol de caballo».

Son numerosos los que respaldan esta teoría sosteniendo que antes de 1895, cuando el Department of Sanitation comenzó efectivamente a limpiar las calles de la ciudad, tanto en los solares baldíos como en las propias calles, el estiércol de caballo junto con otros desechos de variado origen, se amontonaba hasta alturas insospechadas alineándose con las calles de la ciudad del mismo modo que hoy lo hacen los montones de nieve retirada de la vías públicas tras una fuerte tormenta invernal. 

En verano, el hedor era insoportable y finalmente, cuando las lluvias llegaban, un arroyo de sopa de estiércol de caballo inundaba las vías peatonales e incluso llegaba a filtrarse en los sótanos de las viviendas.

Tampoco falta una visión más refinada y sostiene que dado que principalmente Brooklyn, a diferencia de otras ciudades como Filadelfia o Chicago, carece de callejones laterales, el servicio y comerciantes tendrían que entrar por la parte delantera de la casa, lo que no sería una opción popular para los propietarios adinerados. 

En la década de 1870, cuando la clásica escalinata de las brownstones alcanzó su punto máximo de popularidad, dio  lugar debajo de la escalera principal para una entrada de servicio para sirvientes y repartidores».

Detractores

En cambio, no todas las referencias históricas o literarias que tenemos a esta ahora ilustre tipología arquitectónica fueron siempre de tono elogioso como podríamos llegar a entender en el caso de los fervientes seguidores de las andanzas del detective Nero Wolfe que daban forma al prólogo de nuestra historia.

Una referencia literaria en el sentido opuesto nos viene dada de la mano de la obra de la novelista Edith Wharton nacida en la segunda mitad del sigle XIX y que vivió en una residencia del tipo Brownstone junto con su familia en el número 14 Oeste de la calle 23, y que  describió Nueva York, una ciudad llena de Brownstones en sus memorias tituladas  “A Backward Glance”, como «una ciudad maldita con su revestimiento monótono y omnipresente de color chocolate, de la piedra más horrible jamás extraída de las entrañas de la tierra «.

Estas edificaciones que hoy atesoran más de 100 años de antigüedad en la mayoría de los casos son claras demandantes de los trabajos de conservación y rehabilitación.

Muchos son los firmes defensores de la restauración de la Brownstones de la manera correcta y desprecian el trabajo de calidad inferior o en busca de atajos.

Los profesionales más involucrados en su conservación denuncian sistemáticamente la técnica del estuco schmear, -término yiddish que evoca el acto de untar un bagel con queso en crema- y que implica revestir la fachada con una capa de estuco marrón o, lo que es peor, una simple capa de pintura, enfatizando que una fachada de brownstone correctamente restaurada realmente es costosa y lleva su tiempo, pero durará más que el enfoque económico a corto plazo de un contratista no cualificado o sin escrúpulos.

No es solo el material salido de las canteras de Brownstone lo que escasea hoy en día, sino que es el estilo y sus ejemplos construidos lo que es más complicado encontrar dentro de una ciudad tan extensa y cambiante como es hoy Nueva York.

Hay pocas zonas de Nueva York con auténticas casas Brownstone: el Upper West Side o West Village en Manhattan, Fort Greene, Park Slope, Carroll Gardens o Bed-Stuy, en Brooklyn, por nombrar algunas, son las áreas donde podremos encontrarlas en muy diversos estados de conservación, uso y mantenimiento.

Dado que la construcción de nuevas casas de esta piedra rojiza es casi imposible dada la escasez de su material característico, la demanda una vez más, ha superado la oferta y los precios para aquellas que se encuentran disponibles en el mercado hacen difícil el asociarlas con sus origenes de vivienda como respuesta a la demanda de las clases medias de la gran ciudad moderna que se estaba formando en el siglo XIX.

En cualquier caso, siempre nos quedará la alternativa de disfrutar de un paseo y pasar frente algunas de ellas para admirar su esplendor evocador de otra época, ya desvanecido en muchos casos, inspirador en muchos, y quizás alguno de sus moradores sea tan amable como para invitarnos a sentarnos por unos momentos en su característico stoop para charlar sobre cualquier asunto intrascendente y ver tranquilamente la vida de Nueva York pasar frente a nosotros durante unos instantes.

En este nuevo podcast repasamos los orígenes y características de las llamadas casas Brownstone que constituyen una característica imagen de algunos de los barrios más característicos de Nueva York.

Podcast: Brighton Beach. Vientos del Este llegados a Brooklyn

Brighton Beach

Es posible que alguien, alguna vez decidiera tomar el metro en Nueva York para pasar una relajada tarde de verano en Coney Island.

El plan podría consistir en pasear sobre las desgastadas tablas de su animado boardwalk, asomarse al muelle donde los pescadores, inasequibles al desaliento, intentan capturar la esquiva pesca, echar un vistazo a las atracciones del Luna Park, o incluso, los más decididos, engullir uno de los clásicos Hot Dogs de Nathan’s.

También es posible, cuando la amarilla linea Q del subway, una de las que nos trae hasta estos confines costeros de Brooklyn, efectúa una cerrada curva a la derecha, que ante la emoción de al fin avistar el mar tras la casi hora de trayecto desde Manhattan, este hipotético visitante se haya apeado del metro antes de tiempo, en la estación equivocada, y no está en la parada final de la línea, llamada Coney Island Stillwell Avenue.

Tranquilidad. No pasa nada. Es entonces cuando, y quizás ayudado por algún que otro cartel publicitario escrito con caracteres cirílicos, repares que estás en Brighton Beach.

No muchos ajenos a esta zona o incluso los turistas más avezados visitan Brighton Beach por una decisión consciente. Tal como nuestro visitante anónimo hace, en el camino a Coney Island, o llegando hasta aquí en paralelo a la playa desde el boardwalk que conecta a ambos, el visitante descubrirá una comunidad característica cuya particularidades no pasarán inadvertidas en cualquier caso al observador visitante.

Escucharemos lenguas y acentos distintos. Inevitablemente veremos escritura con caracteres cirílicos en muchos sitios y posiblemente alguien se dirija a nosotros en ruso a menos que no hagamos ver nuestra incapacidad para comunicarnos en esa lengua, en cuyo caso pasaremos a escuchar un áspero inglés con un marcado acento del este europeo.

Este microuniverso, denominado a veces en Nueva York “Little Odessa” , es el barrio de Brooklyn, que se asoma por el sur al océano mediante su característico boardwalk de tablas de madera  y es delimitado al norte por el barrio de Sheepshead Bay, Manhattan Beach por el este y el ya mencionado Coney Island por el oeste.

Toda el área donde Brighton Beach está incluida, desde Sheepshead Bay hasta la comunidad de Sea Gate, pasando Coney Island,  que fue originalmente comprada a los nativos que aquí habitaban en 1645 , y según los registros históricos, por el ridículo precio de un arma de fuego, una manta y una tetera. 

La zona de Brighton Beach estaba constituida por terreno fundamentalmente arenoso y, antes del inicio de su urbanización y desarrollo urbanístico en la década de 1860, no era más que una agrupación de  granjas enmarcadas en la ciudad de Gravesend, que había sido el único asentamiento inglés de las seis ciudades del área de Brooklyn, siendo administrativamente parte del poblado de Gravesend, una de las localidades originales del condado de Kings, el cual hoy constituye Brooklyn.

En 1868, el emprendedor William A. Engeman decidió construir  un centro turístico y de recreo en la zona para las clases acomodadas de Nueva York aprovechando la condición costera del emplazamiento.

El complejo recibiría el nombre de «Brighton Beach» en 1878, nombre designado como una directa alusión a la ciudad turística inglesa de Brighton.

Este complejo hotelero con habitaciones para alojar hasta a 5,000 personas por noche y que podía servir comidas para hasta 20,000 personas al día, estaba cerca del entonces deteriorado complejo de ocio de Coney Island, por lo que era principalmente la clase media alta la que elegía ir y alojarse en este hotel. 

El pabellón de baño Brighton Beach de 120 m de largo y dos pisos también se construyó en la zona, inaugurandose en 1878, con capacidad para hasta 1200 bañistas. 

Con la construcción del ferrocarril de Brooklyn, Flatbush y Coney Island, el predecesor de la actual Brighton Line del metro de la ciudad de Nueva York, abierta el 2 de julio de 1878, se proporciona acceso directo al hotel desde el downtown de Brooklyn y Manhattan, lugares por aquel entonces todavía pertenecientes a municipios distintos, en el estado previo a la consolidación de los boroughs de 1898. 

Junto al hotel, Engeman construiría el hipódromo de Brighton Beach donde se celebraban carreras de caballos de pura sangre.

Sin embargo, en diciembre de 1887, y de manera no prevista, una marea extremadamente alta se apoderó de la zona, inundando la zona y creando de manera fortuita una nueva conexión temporal entre Sheepshead Bay y el océano. 

En el periodico Brooklyn Daily Eagle se publicaría de manera satírica  la crónica relatando que : «A menos que Engeman tenga mucha suerte, las próximas carreras en la pista de Brighton Beach serán conducidas por los caballos de cresta blanca de Neptuno».

Después de este desastre natural, y una década de constante erosión de la playa, el Brighton Beach Hotel, en ese entonces propiedad ya de la compañía del ferrocarril, se vio enfrentado a la posibilidad de ser socavado y arrastrado por la acción de las mareas.

Un plan denominado altamente ingenioso y audaz fue iniciado por el superintendente de la compañía del Ferrocarril, para elevar y mover el edificio en su conjunto, 495 pies tierra adentro.

Esto se lograría levantando el edificio, con su peso estimado de 5.000 toneladas y unas dimensiones de 140 m × 46 m, utilizando 13 gatos hidráulicos, después de lo cual se colocaron 24 líneas de vía férrea, de una milla y media de longitud en total, debajo de él. 

Además 112  (vagones planos) tirados por seis locomotoras de vapor se utilizaron para alejar el edificio del hotel del mar. 

Esta audaz obra de ingeniería hizo que el desplazamiento fuera exitoso; Se comenzó el 2 de abril de 1888 y continuó durante los siguientes nueve días, y fue el desplazamiento de una construcción finalizada más grande del siglo XIX.

Pero no sería esta la última construcción de ocio y recreo en crearse aquí.

Además de este hotel, la Metropolitan Opera llevó sus populares interpretaciones de Wagner al Brighton Beach Music Hall.

Además, otro teatro, el New Brighton Theater era un lugar de moda para la representación del  vodevil. 

Los visitantes que acudían a tomar el té en el Brighton Beach Casino serían atendidos por camareras japonesas vestidas con sus trajes tradicionales completos. 

En un enorme club privado, los Brighton Beach Baths, sus miembros podían nadar, acceder a una playa privada y jugar a pelota, mah-jongg o juegos de cartas.

Finalmente, el poblado, junto con el resto de Gravesend, fue anexado al distrito 31 de la ciudad de Brooklyn en 1894.

En 1905, Brighton Beach Park abrió su propia área de entretenimiento, llamándola Brighton Pike. 

Brighton Pike ofrecía un paseo marítimo, juegos, entretenimiento en vivo (incluido el espectáculo del salvaje oeste de los hermanos Miller y una enorme montaña rusa de acero. 

El parque fue cerrado en 1919 después de que se incendiara mientras que la ​​playa, sin embargo, siguió siendo un destino de ocio popular.

Ya entrados en el siglo XX, Brighton Beach se empezó a desarrollar como una comunidad residencial bastante densa con la reconstrucción final del ferrocarril de Brighton Beach a los estándares del sistema de tránsito rápido, convirtiéndose en la Brighton Line de la Brooklyn-Manhattan Transit Corporation (BMT), que abrió en 1920, la línea que ahora es servida por las líneas B y Q del metro de la ciudad de Nueva York. 

La línea de metro dentro del vecindario discurre en superficie en una estructura elevada. 

La apertura de la BMT Brighton Line tuvo consecuencias contradictorias: aunque hizo que Brighton Beach fuera viable como una comunidad durante todo el año, ahora era mucho más factible para los visitantes de las instalaciones de recreo regresar a casa por la tarde en lugar de pasar la noche. Esto llevó al cierre del Brighton Beach Hotel en 1924.

Los años inmediatamente anteriores y posteriores a la Gran Depresión trajeron consigo un vecindario formado principalmente por judíos estadounidenses de primera y segunda generación y, más tarde, tras la II Guerra Mundial, supervivientes de los campos de concentración nazis del Holocausto.

De los 55.000 supervivientes del Holocausto que se estima que vivían en la ciudad de Nueva York en 2011, la mayoría de ellos vivía en Brighton Beach.

A finales de los años 60, con la masificación y los problemas financieros generalizados en la ciudad la calidad de vida en Brighton Beach disminuyó significativamente a medida que aumentaba la tasa de pobreza y la proporción de residentes mayores.

Debido a la crisis fiscal de la década de 1970, los empleados públicos y la clase media acabarían mudadose a áreas suburbanas, principalmente de Long Island,  mientras que la gente se quedaba subdividía los apartamentos en residencias de una habitación individual para en muchos casos ocuparlos los pobres, los ancianos y enfermos mentales. 

Brighton Beach sufrió tanto por los incendios provocados por los propios dueños de los edificios para cobrar los seguros, al igual que el sur del Bronx, como por causa del constante y extendido tráfico de drogas. 

Paradójicamente, durante los calurosos veranos, sin embargo, gente de toda la ciudad acudía a la playa de Brighton Beach junto al Océano Atlántico para sofocar estos calores estivales.

A mediados de la década de 1970, Brighton Beach se convirtió inesperadamente en un lugar popular para establecerse y abrir negocios para los inmigrantes soviéticos, en su mayoría judíos provinientes de Rusia y Ucrania.

Tantos ex soviéticos emigraron a Brighton Beach que el área adquirio el apelativo de «Pequeña Odessa»  a partir de la ciudad ucraniana en el Mar Negro.

Esta migración supuso un nuevo resurgir de la zona con la aparición de nuevos negocios que servían de imán y aglutinante de esta nueva comunidad de inmigrantes basada en la ayuda mutua.

El colapso de la Unión Soviética a principios de los años 90 y los subsiguientes cambios significativos en las circunstancias sociales y económicas de los estados postsoviéticos llevaron finalmente a miles de ex ciudadanos soviéticos a emigrar a los Estados Unidos.

Como no podría ser de otra forma, muchos más inmigrantes postsoviéticos, que hablaban principalmente ruso, eligieron Brighton Beach como lugar para establecerse. 

También hubo una afluencia de inmigrantes de repúblicas del Cáucaso, principalmente de países como Georgia y Azerbaiyán. 

En la zona se abrirían un gran número de empresas, tiendas, restaurantes, clubs, oficinas, bancos, escuelas y centros de juegos infantiles de habla rusa y orientados a los inmigrantes. 

Ese legado es perfectamente visible hoy en día, cuando Brighton Beach es ese lugar que nos permite hacer una rápida y cómoda incursión en la cultura gastronómica de Rusia, Ucrania, Georgia y de muchas otras repúblicas del Cáucaso al módico precio de un billete de metro que nos transporte hasta aquí.

El valor de las propiedades inmobiliarias en Brighton Beach comenzó a revalorizarse de nuevo, aunque la delincuencia y el tráfico de drogas siguieron siendo un problema social importante en la zona hasta principios de la década de 1990.

Desde la década de 2010, un número significativo de inmigrantes de Asia Central también ha elegido Brighton Beach como lugar para establecerse en Nueva York.

Una próspera comunidad georgiana agrega una nueva dimensión al panorama culinario de Brighton Beach. Si bien la comida rusa y ucraniana son deliciosas, muchos alegan que carecen del sutil matiz aromático de la cocina georgiana.

Brighton Beach se ha considerado también muchas veces como un lugar de implantación para la denominada «mafia rusa», aunque la percepción pública en los últimos años ha sido que el crimen organizado ha desaparecido en gran medida por la fuerte presión ejercida por las autoridades y más concretamente el FBI. 

En la década de 1970, un sujeto llamado Marat Balagula era considerado el jefe del crimen organizado  de Brighton Beach, aunque él siempre negó tener conexión alguna con la mafia estadounidense o la propia mafia de habla rusa. 

Después de la caída de la Unión Soviética en la década de 1990, muchos criminales rusos entraron ilegalmente en los Estados Unidos, viniendo especialmente a Brighton Beach. 

El infame Vyacheslav Ivankov, quien dominaría el inframundo de Brighton Beach hasta su arresto en 1995, llegó al país también durante esta oleada.

Cultura popular

El la cultura popular de las últimas décadas, Brighton Beach también aparece retratada como escenario de la vida cotidiana de muchos de aquellos supervivientes del horror nazi y de los inmigrantes llegados desde el este europeo tras la caída del telón de acero. 

Un barrio con un carácter tan marcado inevitablemente se presta a ser escenario de historias humanas de gran intensidad dramática.

Un ejemplo de estas obras recientes es La película Requiem por un sueño  del año 2000 de  Darren Aronofsky, un duro drama  basado en la novela de 1978 del mismo nombre de Huber Selby,  y cuya trama se desarrolla en gran parte en Brighton Beach.

Más conectada con la historia reciente y la geopolítica mundial, Brighton Beach también aparece como escenario indispensable en la película de 2005 Lord of War (El señor de la guerra) protagonizada por un muy solvente Nicolas Cage, donde tanto el personaje que protagoniza como su familia, son ucranianos que habían emigrado unos años antes desde su natal Ucrania escapando de la Unión Soviética.

También, en un tono menos duro y en el ámbito del teatro de Broadway, el clásico Brighton Beach Memoirs es una obra semiautobiográfica del afamado autor Neil Simon, el primer capítulo de lo que se conoce como su trilogía Eugene y que precede en ella a Biloxi Blues y Broadway Bound.

Ambientada en septiembre de 1937, durante la Gran Depresión, esta comedia sobre la mayoría de edad se centra en Eugene Morris Jerome, un adolescente polaco-judío estadounidense que experimenta la pubertad, el despertar sexual y una búsqueda de identidad mientras trata de lidiar con su extensa familia, todos habitando un apartamento en Brighton Beach.

Pero no solo producciones estadounidenses han retratado esta barrio en su historia, sino que al otro lado del océano, películas producidas en la Rusia de  los años 90 y 2000 como la comedia de espionaje Llueve de nuevo en Brighton Beach, o el thriller criminal Hermano 2, retratan en sus tramas la estrecha relación entre Rusia y este peculiar  rincón de Brooklyn a través de sus gentes.

Hoy en día, Brighton Beach es un bullicioso vecindario de Brooklyn frente al mar. 

La pequeña Odessa, como muchos otros vecindarios de Nueva York, tiene un carácter distintivo propio y a la vez mixto, claro ejemplo del crisol de culturas y procedencias del mundo que es esta ciudad.

Un paseo por sus calles perpendiculares al mar o la propia arteria principal del barrio, Brighton Beach Avenue, nos revelará infinidad de restaurantes donde saborear la tradicional sopa borsch rusa o los clásicos pelmeni al vapor ,las tiendas, librerías y negocios con un sabor «ruso» único, y que fusionan el encanto del negocio tradicional, a veces incluso con un cierto sabor trasnochado, con el conocimiento y dinamismo del comercio actual.

Algunas voces incluso, lamentan que aquellos primeros emigrantes llegados de la Unión Soviética han quedado anclados en aquellos años 70 y 80 y el relevo generacional no se ha producido con el riesgo de que la marca característica del barrio acabe difuminándose en pocos años y quedando relegado a anécdota historica de la segunda mitad del siglo XX.

Mientras tanto, y mientras sea posible experimentar este legado del Este de Europa en Nueva York,  su paseo marítimo y la propia playa a tiro de piedra de todas estas atracciones gastronómicas y culturales, constituyen razón suficiente para aventurarse a una visita, dado el fácil acceso en metro a este rincón de Brooklyn hasta donde llegaron los vientos del Este.

En este nuevo podcast de Un Minuto en Nueva York visitamos Brighton Beach, el barrio de Brooklyn de tradición y sabor ruso para descubrir su historia, peculiaridades y lo que ofrece al visitante.

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Downtown Brooklyn

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Navy Yard

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Podcast: Brooklyn Navy Yard, el gran astillero de Nueva York

Podcast: Brooklyn Navy Yard, el gran astillero de Nueva York

Mientras se navega cotidianamente por las aguas del East River, ese familiar estrecho marítimo que separa por el este la isla de Manhattan de Long Island con sus costas de  Brooklyn y Queens, algo que en los últimos años y merced a la movilidad por agua que nos ha proporcionado las líneas  del New York Ferry, no es difícil reparar en un área del borough de Brooklyn ubicada en el tramo situado entre los los puentes de Manhattan y Williamsburg, que nos sugiere los vestigios de  un gran antiguo complejo industrial, hoy ya prácticamente en desuso como tal, pero que todavía mantiene la morfología de lo que un dia fue una de las piezas fundamentales de la producción naval del estado de Nueva York y de los Estados Unidos.

Hablamos del Brooklyn Navy Yard, los antiguos astilleros situados en el East River, dentro de su denominada Wallabout Bay, ocupando uno de los entrantes con que cuenta en Brooklyn y que cubre una superficie cercana a las 100 hectáreas y que hoy en día es parte también del registro nacional de lugares históricos de los Estados Unidos.

Hablamos de uno de los astilleros para la construcción de barcos de guerra para la armada de Estados Unidos, la US Navy y algunas otras,  con gran relevancia histórica junto con otros como los situados  Norfolk en Virginia, San Francisco o el propio Pearl Harbor en Hawaii.

La historia de este astillero entronca directamente con la propia historia y fundación de los Estados Unidos, estando su establecimiento promovido directamente por uno de sus primeros presidentes.

A partir de ahi, de sus diques secos surgieron un importante numero de buques que a la postre se significarian a lo largo de la historia naval de su propio pais y del mundo en los dos últimos siglos.

Pero como en muchas otras historias sobre el nacimiento y primeros años de Nueva York y sus diversas partes, hemos de remontarnos a los primeros europeos que llegaron a estas tierras por aquel entonces ya habitadas por los pueblos nativos americanos de la zona.

En 1637 , y como parte de los esfuerzos colonizadores holandeses, el colono Jansen de Rapelje, un Wallon Belga, compra 335 acres (unas 136 ha) de tierra formados principalmente por ciénagas y marismas en Wallabout Bay a la tribu de los Lenape. 

En este lugar establecería su granja y sus cultivos, aceptándose que el nombre hoy otorgado a la zona de Wallabout Bay procede del gentilicio Wallon, merced a su primer pionero europeo.

En el periodo entre 1776 y 1783 la ocupación británica de la ciudad de Nueva York es determinante dentro del proceso de la Revolución Americana. 

Se estima que 11,500 colonos independentistas mueren en los barcos prisión británicos amarrados frente a Wallabout Bay. El barco más infame que relata la historia es el Jersey, donde los soldados y comerciantes americanos son encarcelados por desobedecer el embargo británico.

Finalizada la Guerra de Independencia, en 1801 el presidente John Adams, originario de Nueva Inglaterra, promueve un gobierno federal  fuerte y una marina de guerra capaz de proteger el comercio y defender a la joven nación (inicialmente frente a Gran Bretaña) en un mundo convulso.

Al final de su presidencia, Adams toma las medidas necesarias para rápidamente autorizar el establecimiento de los primeros cinco astilleros navales del país, incluido el Brooklyn Navy Yard.

En 1806 se completa la Commandant ‘s House, el cual es hasta nuestros días el edificio más antiguo del astillero y que todavía se conserva. Este edificio se convirtió a finales del siglo XX en una residencia privada, desde 1971 y un Monumento Histórico Nacional desde 1974.

En 1820, con la promulgación de leyes  castigaban con la muerte el comercio de esclavos, y hasta 1861, varias escuadras de la Marina de los Estados Unidos patrullaban para suprimir este comercio de seres humanos frente a las costas de África. 

Los barcos construidos en este astillero astillero, incluidos el USS Ohio, Savannah, Peacock, Dolphin, Vincennes, Fulton II, Decatur, San Jacinto y Niagara, desempeñan un papel clave en estas misiones.

Estos esfuerzos entran en clara contradicción con la esclavitud generalizada extendida en los estados del sur y base de su economia agraria, y que varias decadas mas tarde detonarian la guerra civil.

En 1833 El comodoro Matthew C. Perry, conocido entre otras cosas por su expedición a Japón con los llamados barcos negros, forzando la apertura de este pais oriental al comercio,  es actor clave en la fundación del Naval Lyceum (el precursor de la Academia Naval de EE. UU.) Su lema sería «promover la difusión de conocimientos útiles, fomentar un espíritu de armonía y unidad de intereses en el servicio y cimentar los vínculos que nos unen como hermanos profesionales «. 

La primera publicación naval profesional, la Revista Naval, se publica aquí en los Brooklyn Navy Yards en 1836. Los escritores  Washington Irving, autor de la Leyenda de Sleepy Hollow, y James Fenimore Cooper serán colaboradores habituales de esta revista naval.

En 1837 el barco de vapor con ruedas propulsoras laterales y 9 cañones Fulton II se bota como el primer buque de guerra de vapor estadounidense asignado al servicio marítimo.

En la década de entre 1841-1851, el gobierno construye su tercer dique seco de granito utilizando para ello un martinete a vapor por primera vez en los Estados Unidos.

En el año 1852, y profundamente comprometido con la mejora de la atención médica, el joven cirujano naval E.R. Squibb busca ser asignado al Hospital Naval donde perfeccionará la fabricación de éter anestésico. Más tarde,  en 1857, funda su propia empresa farmacéutica fuera del astillero, que posteriormente proporcionaria la mayoría de los suministros médicos para el Ejército de la Unión durante la Guerra Civil.

En 1858 el USS Niagara construido en este Yard y el británico HMS Agamemnon se encuentran en el medio del océano Atlántico para tender el primer cable telegráfico submarino. El 5 de agosto de ese año, la reina Victoria transmite el primer mensaje telegráfico en código Morse a los EE. UU.

En el año 1862, el USS Monitor, el primer buque de guerra acorazado encargado por la Unión Navy, está siendo equipado en Brooklyn después de ser construido en el Continental Shipyard en Greenpoint. La «Batalla de Hampton Roads» entre el Monitor y el confederado CSS Virginia marca la primera batalla naval entre dos buques de guerra blindados.

En 1872, el Prototipo del submarino Halstead’s Folly, o Ballena Inteligente, ya retirado del servicio se expone aquí en el yard. Este primitivo submarino fue la respuesta del ejército del norte al CSS Hunly y Pioneer de los ejércitos del sur durante la guerra civil.

Entrando ya en 1889 la botadura en estos astilleros del buque USS Maine inicia la «era del acorazado» para la armada de Estados Unidos. 

Cuando, nueve años después se produce el polémico y hasta hoy controvertido incidente de su voladura en el puerto de La Habana, calificado por muchos historiadores como un ataque de falsa bandera, se activa la espoleta la guerra hispanoamericana con el incendiario grito de guerra «¡Recuerden el Maine!» acunado por los magnates de la prensa William Randolph Hearst y Joseph Pullitzer.

En un plano ya menos bélico y entroncando con el siglo de las comunicaciones a distancia que empezaba, en 1907, la cantante de ópera Eugenia Farrar canta la primera canción transmitida por radio inalámbrica. La canción llamada «I Love You Truly» se transmite para probar los radioteléfonos de arco del Dr. Lee DeForest  bordo del USS Dolphin, atracado en el Yard.

Entre 1907 y 1909 el USS Connecticut construido en Yard sirve como buque insignia de la Gran Flota Blanca del presidente Theodore Roosevelt, 26 embarcaciones que navegan por el mundo en una gira de 2 años que marca el comienzo de los EE. UU. Como aspirante a ser una potencia mundial.

En 1915 El USS Arizona, el barco más grande de la Armada, se bota durante la Primera Guerra Mundial pero no juega un papel determinante en la guerra.

Unas décadas más tarde, en la mañana del domingo 7 de diciembre de 1941, el denominado por el presidente F.D. Roosevelt como “Día de la infamia”, una bomba lanzada desde un avión japonés detona el cargador de municiones de proa provocando una masiva explosion a bordo y el barco se hunde en menos de 10 minutos, llevando a la muerte a 1.177 hombres. El barco construido en Nueva York, y desde entonces hundido todavía permanece bajo las aguas en Hawaii constituyendo el Memorial del USS Arizona en la bahía de Pearl Harbor.

Durante los 6 años de la Segunda Guerra Mundial el astillero duplica su tamaño cuando el gobierno expropia y anexa los terrenos adyacentes que formaban hasta entonces el segundo mercado de productos agrícolas más grande del país, para así poder construir más diques secos para la construccion y reparacion de barcos de guerra y además contar con la que era por aquel entonces la grúa más grande del mundo. 

La población de los barrios limítrofes en Brooklyn se dispara a medida que la administración del astillero aumenta la fuerza laboral a más de 70,000 empleados. Las mujeres son contratadas por primera vez en el astillero para trabajar como personal mecánico y técnico. 

Antes de la Segunda Guerra Mundial, las mujeres trabajaban en Brooklyn Navy Yard en calidad de oficinistas. En 1944, con la mayoría de los hombres en edad militar sirviendo en los frentes, se abrieron puestos para soldadores, remachadores, instaladores de tuberías y delineantes, y las mujeres encontraron trabajo en puestos relacionados con esos oficios por primera vez. 

Para muchas mujeres, recién salidas de la escuela y deseosas de ayudar en el esfuerzo de guerra, esta seria a la postre la única vez que trabajarian fuera de casa.

La Segunda Guerra Mundial terminaría también con un barco construido en los Brooklyn Navy Yards como protagonista y escenario. 

Sería el 2 de septiembre de 1945, cuando Japón firma la rendición incondicional a bordo del del USS Missouri, también conocido como «Mighty Missouri» fondeado en la bahía de Tokyo.

Pero no todo serían grandes efemérides en la historia del yard.

En 1960 cuando una plataforma montacargas accidentalmente perfora un tanque de combustible del portaaviones USS Constellation  durante su construcción, el combustible se derramara sobre los soldadores que trabajaban bajo cubierta, provocando un voraz incendio que se cobra 50 vidas y deja 323 heridos. 

La reparación costará a la armada 75 millones de dólares y retrasa la puesta en servicio del barco por siete meses, empañando seriamente la reputación del astillero, algo que a la postre acabaría sellando el destino de esta instalación.

El secretario de Defensa Robert McNamara, en 1966 decreta el cierre definitivo, junto con otras 90 bases e instalaciones militares. 

En el momento de su cierre, el Brooklyn NAvy Yard empleaba a más de 9,000 trabajadores siendo la planta industrial continuamente activa más antigua del estado de Nueva York.

En el periodo de entre 1969 y 1981 la ciudad de Nueva York toma el control y reabre el Yard como un parque industrial administrado por la organización sin fines de lucro para el Comercio, Trabajo e Industria del Condado de Kings (CLICK). 

El inquilino más grande, que era el astillero Seatrain Shipbuilding, despide finalmente a 3.250 trabajadores en 1975. 

En un intento desesperado de salvación,  Los representantes de la Cámara de Representantes de Brooklyn, Shirley Chisholm y Fred Richmond, obtienen préstamos del Congreso por un total de $ 40 millones para retener puestos de trabajo vitales, pero Seatrain cierra definitivamente en 1979. El por aquel entonces alcalde Koch reemplaza la organización CLICK en 1981 por la Corporación de Desarrollo de Brooklyn del Navy Yard.

Tras los cierres de dos importantes inquilinos marítimos y la catastrófica pérdida de puestos de trabajo resultante, la administración del parque industrial comienza a diversificar su base de inquilinos. Los grandes espacios existentes serán subdivididos para acomodar pequeñas empresas industriales y tecnológicas que buscará reflejar la diversidad, la energía y la creatividad de la comunidad de Brooklyn y Nueva York.

En 1998, esta diversificación conduce a una ocupación del 98%, con más de 200 pequeñas y medianas empresas que emplean a más de 3000 personas. 

Se amplía el Centro de Empleo, se establece un Programa de formación Juvenil de Verano y se lanza un servicio de transporte al metro para brindar un mejor acceso y fomentar el uso del transporte público.

En el periodo entre 2001 y 2011 la ciudad de Nueva York toma nota del éxito de la iniciativa y financia importantes mejoras a la infraestructura básica del Yard, algunas de las cuales databan de la era de la Guerra Civil. 

El número de empresas asentadas aumenta a 275 con casi 6.000 empleados. 

Los gestores emprenden iniciativas de sostenibilidad para apoyar a un grupo de fabricantes ecológicos en rápido crecimiento. La mayor expansión de Yard desde la Segunda Guerra Mundial está en marcha.

2004 marcará un importante hito en la historia reciente

Steiner Studios abre en el Yard. La instalación de 29,000 metros cuadrados es el complejo de estudios audiovisuales más grande y sofisticado fuera de Hollywood, que cuenta con cinco estudios de sonido e instalaciones de producción de cine y televisión de última generación. 

En 2010, Steiner Studios duplica su tamaño, y construye cinco nuevos estudios de sonido y reutiliza el antiguo Laboratorio de Ciencias Aplicadas de la Marina. 

Una asociación con Brooklyn College funda la primera escuela de cine abierta del país en un estudio en activo. 

En 2018 se abre el emblemático y nuevo Edificio 92, que cuenta con  un centro de exposiciones, de visitantes y de formación para el empleo, para dar apoyo  a los inquilinos empresariales del Yard, brindar mejores servicios de colocación laboral para la comunidad y celebrar la rica historia de este enclave de Brooklyn. 

La construcción también se completa con un Centro de Fabricación Ecológica de 23,000 metros cuadrados, el Invernadero Duggal de más de 3000 metros cuadrados y la granja en azotea más grande del país, la llamada Brooklyn Grange.

Toda esta historia de esta instalacion industrial que durante mas de 150 años significo el lugar de nacimiento y partida de las mas determinantes flotas de guerra del ultimo siglo,pero tambien como lugar de paso, hogar y lugar de trabajo de innumerables mujeres y hombres veteranos que sirvieron desde ahi al pais.

Para poner en valor esas memorias la Corporación de Desarrollo del Brooklyn Navy Yard inicio el  Brooklyn NAvy Yard Oral History Project, pare del Home Front Project, una iniciativa para preservar y compartir entrevistas sonoras con mujeres y hombres civiles que experimentaron desde las lineas de montaje de fabricas y astilleros los avatares de las II Guerra Mundial

El Brooklyn Navy Yard ahora alberga a más de 450 empresas que emplean a más de 11,000 personas y generan más de 2500 millones de $ por año en impacto económico para la ciudad. 

Sobre la base de la historia prolongada del historico Navy Yard como corazón económico de Brooklyn, el nuevo parque empresarial, hoy en dia activo frente a las transitadas aguas del East River ofrece en muchos casos un camino crítico hacia el desarrollo laboral, económico y personal para muchos neoyorquinos.

En este nuevo podcast visitaremos la historia del Brooklyn Navy Yard, el astillero que en Wallabout Bay, durante mas de 150 años vió la creación de algunos de las buques de guerra más importantes en la historia de los Estados Unidos.

Brooklyn Navy Yard Oral History Project
https://nationalhomefrontproject.org/brooklyn-navy-yard-oral-history-project/

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Good morning Williamsburg

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