Podcast: Empire State Building. Así nace un icono

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Nueva York ofrece al mundo numerosas imágenes icónicas que se hallan ya incrustadas en la cultura popular contemporánea : hitos como el propio el puente de Brooklyn, sus antiguos taxis amarillos,que hoy son ya únicamente recuerdos de décadas atrás, una vez ya reemplazados por vehículos híbridos, las  luminosas y cegadoras pantallas de Times Square, el Skyline de Manhattan o incluso el Flatiron Building con su aguda y dramática cara mirando uptown.

Pero si hay una imagen que probablemente el 99% de la población mundial  asociaría con esta ciudad, probablemente sería la del Empire State Building y su aguda silueta recortada sobre el horizonte.

Sin embargo, por otra parte, la relación del neoyorquino con el Empire State Building no siempre es la misma que la del visitante.

A veces infravalorado dada la tumultuosa y no siempre propicia para la contemplación de la zona donde se encuentra enclavado, este hito de la ciudad es sin embargo el edificio más popular entre la población de los Estados Unidos por delante incluso de la propia Casa Blanca.

Es obligación al poner un pie en esta ciudad levantar la vista para reconocer y estudiar con la mirada al menos durante unos instantes el que sería a la postre el símbolo de una época y del carácter emprendedor de una ciudad que se negaba a sucumbir y admitir el trauma de la Gran Depresión.

La parcela que ocupa el Empire State Building, situada en la 5a avenida de Manhattan, entre las calles 33 y 34 se hallaba ocupada hasta 1929 por el original hotel Waldorf Astoria, un edificio, que era el símbolo por excelencia de la alta sociedad que forjó la llamada Gilded Age, una época marcada por el masivo flujo de inmigrantes hacia Estados Unidos desde Europa, la creación de grandes industrias que constituirían esqueleto de una nueva nación, y las grandes fortunas creadas a su alrededor.

Este magno edificio, inaugurado en 1893, curiosamente compuesto inicialmente  por dos edificios construidos independientemente y separados, producto de la rivalidad entre dos facciones de la familia Astor, terminó finalmente siendo unificado mediante el que se llamaría Peacock Alley, dando lugar a uno de los más significativos ejemplos de las arquitecturas del pasado perdidas de Nueva York. 

Además de ser el centro de reunión y confluencia de las clases sociales más adineradas de la ciudad durante este primer tercio del siglo XX, otros acontecimientos históricos se vieron enmarcados dentro de sus regios salones. Una muestra de esto es la propia comisión de investigación constituida por el Senado de los Estados Unidos en 1912 tras el hundimiento del Titanic en la gélidas aguas del Atlántico norte, una de cuyas víctimas en el naufragio fue el propio John Jacob Astor IV, directamente relacionado con la familia propietaria de este hotel.

A finales de la década de 1920, Estados Unidos se encuentra inmerso de lleno en el proceso de una fuerte expansión económica, con unos mercados bursátiles y financieros alimentados por una salvaje especulación bursátil y como no, un mercado inmobiliario que trataba desesperadamente de suplir la demanda de una economía donde la industria, y entre toda ella, especialmente la del automóvil marca el ritmo del crecimiento económico la nación.

Por aquel entonces, el Midtown de Manhattan, y en especial la quinta  avenida, en otros tiempos flanqueada por grandes mansiones residenciales, propiedad de las mayores fortunas del país , deja de ser el punto focal de esta clase adinerada y sus refinadas residencias, las cuales preferirán desplazarse en dirección uptown hacia el más discreto y tranquilo Upper East Side.

El Midtown pasa a ser el centro de negocios y comercial de la ciudad. La economía demanda edificios comerciales y de oficinas que puedan albergar a los miles de nuevos habitantes y trabajadores que han llegado a la ciudad para mover su trepidante economía.

Solo unas calles más en dirección norte, en la 42, el magnate automovilístico Walter Chrysler inicia en 1928 la construcción de su rascacielos Art Deco corporativo que aspiraba a ser el edificio más alto del mundo por aquel entonces y mostrar la pujanza de la compañía que él encabezaba.

En medio de este boom inmobiliario sin precedentes, durante el cual en Nueva York se podía contabilizar más de 700 edificios comerciales en construcción, el principal reclamo para un edificio de oficinas pasó a ser el de su altura y visibilidad. Por ello, era imperativo destacar claramente sobre los demás. Había que construir lo más alto posible.

En 1928, parece claro que los tiempos están cambiando. Las fortunas cambian de manos y la familia Astor no es ajena a estos nuevos vientos, por lo que vende el hotel y su solar a la Bethlehem Engineering Corporation por la nada desdeñable cifra de 16 millones de dólares. 

Los planes de la compañía serían construir en su lugar un edificio de 50 plantas que sería bautizado con el nombre de Waldorf Astoria Office Building.

Con esta determinación , se comienza la demolición del histórico conjunto de edificios, la cual y dada la sólida y masiva construcción que los caracterizaba, requiere más de 16.000 cargas efectuadas mediante camiones que transportarán los ricos materiales y refinados elementos  arquitectónicos demolidos hasta las barcazas que los transportarían finalmente hasta las costas de Sandy Hook en New Jersey donde finalmente serían arrojados al mar sin mayores contemplaciones.

Una vez que estos trabajos de demolición alcanzaron los niveles de la cimentación del edificio, se llegó a descubrir en ella una cámara secreta repleta de las más selectas botellas de vino y champagne que presuntamente estaban destinadas a ser disfrutadas por los acaudalados propietarios y huéspedes del hotel durante los años de prohibición del alcohol.

Pero de manera inesperada, los planes de construcción de este nuevo edificio de oficinas se verán frustrados finalmente por no ser capaz la compañía promotora de asegurar la tercera parte del préstamo de construcción de parte del banco que la iba a financiar.

El fracaso de esta operación no pasa inadvertido para un adinerado promotor inmobiliario llamado John J. Raskob. Raskob, al mismo tiempo que ocuparse de sus negocios, se encontraba muy involucrado en la vida política como secretario del Partido Demócrata y contaba con amigos dentro del mismo partido como Al Smith, anterior gobernador del estado de Nueva York y candidato a la presidencia en 1928 (elección que perdería en favor de Herbert Hoover) o Pierre S. Dupont, que a la sazón era presidente de la compañía General Motors desde 1923.

Parecía aquel un trío  idóneo para acometer cualquier gran empresa que se propusieran. Por una parte Raskob y Dupont con acceso a los fondos y recursos financieros necesarios y Smith con su familiaridad con todas las altas esferas políticas del estado y del país.

Desde el primer momento tendrían una visión clara de lo que pretendían hacer, y que no era en absoluto quedarse en las 50 plantas del edificio inicialmente anunciado en lugar del hotel Waldorf Astoria.

El 30 de agosto de 1929 la portada del New York Times anunciaba que Alfred E. Smith, anterior gobernador del estado de Nueva York sería la cabeza de la compañía que construiría sobre los terrenos anteriormente ocupados por el Waldorf Astoria el edificio más alto del mundo.

El edificio tomaría el nombre del apodo dado, según algunos teóricos, al estado de Nueva York por su riqueza y recursos: Empire State.

El edificio de oficinas que se denominaría Empire State Building se elevaría 86 plantas sobre el cielo de Manhattan y tendría un coste de construcción de 16 millones de dólares.

Para el proyecto de este nuevo coloso, el trío se encomienda a los arquitectos que iban a encargarse del inicial proyecto del Waldorf Astoria Office Building: William F. Lamb y Richmond Shreveport, de la firma Shreve, Lamb & Harmon.

El reto propuesto a los arquitectos era simple: ¿Cuál es la altura que se puede alcanzar con un edificio y que a la vez sea seguro?

Sin embargo, el grupo de promotores mantuvo en secreto los planes referentes a la altura final del edificio en vistas a la feroz competencia por conseguir ser el edificio más alto que se disputaría con el entonces ya en construcción Chrysler Building.

Con esta configuración de 86 plantas, el Empire State sería únicamente 4 pies más alto que el Chrysler Building y Raskob y Smith albergaban temores que con tan estrecho margen, el Chrysler en ese momento en construcción, pusiera en marcha algún plan alternativo para elevar su altura lo suficiente para arrebatarles el título de edificio más alto.

En un momento donde el edificio más alto de la ciudad era el edificio Woolworth Building, el rascacielos neogótico finalizado en 1913, estas rivalidades por atraer la atención del público y los inquilinos basándose en alcanzar mayor altura eran moneda común, estando el propio Chrysler inmerso en una lucha, con tintes de rivalidad personal, por su altura final,  con el Manhattan Company Building, también llamado 40 de Wall Street, pero esa, ya sería otra historia.

En diciembre de 1929, los promotores deciden añadir al diseño una coronación metálica y un mástil de 68 metros, que daría así al edificio un total de 1250 pies o 380 metros de altura con un total de 102 plantas. 

Estos planes no se revelarían tampoco a la opinión pública hasta el 8 de enero de 1930, pocos días antes ya del inicio de los trabajos de construcción.

La altura final del edificio quedaría por tanto determinada, además de estas disputas e intrigas entre los egos de sus promotores, por el diseño estructural y las nuevas capacidades de carga permitidas por el Código de la Edificación de Nueva York revisadas durante la elaboración de este proyecto y la normativa urbanística o Zoning Resolution vigente en Nueva York desde 1916.

Según estas ordenanzas, un edificio que contase con una ocupación efectiva de parcela o lot coverage del 25%, no tendría ningún límite legal en cuanto a su altura máxima a alcanzar.

Este principio impulsó a los promotores a adquirir más terrenos adyacentes en la misma manzana para así poder reducir ese porcentaje de ocupación y alcanzar una mayor altura.

Este mismo factor sería un impedimento clave para el edificio de Chrysler para poder alcanzar mayor altura en su diseño dada la imposibilidad de poder añadir parcelas adicionales al proyecto del edificio.

El resultado de aplicar estos parámetros urbanísticos sería la base de 5 plantas formando la alineación de calle del edificio con la 5a avenida y las calles 33 y 34.

Y ya en un plano retranqueado, sobre esta base se yergue la gran torre con otros retranqueos sucesivos a lo largo de su altura hasta alcanzar la planta 86 donde sus espacios útiles y comerciales son culminados por la coronación y mástil.

Ya en aquellos años, la arquitectura construida en Nueva York se había desprendido casi por completo del tan popular en otras décadas y grandioso estilo Beaux Arts importado al país por los afamados arquitectos de la Escuela de Chicago con formación académica europea y destinado a proyectar mediante su arquitectura la imagen de una nación emergente y con vocación de superpotencia en el escenario mundial en el futuro próximo. 

Es sin embargo el momento para el Art Decó, un estilo que tuvo una influencia relativamente efímera , aproximadamente entre 1920 y 1949, de tintes claramente modernistas y con claros puntos de contacto con otras corrientes estilísticas como el art nouveau o el futurismo italiano. 

El Art Deco empleará los materiales modernos como el acero o el vidrio, pero quizás una de sus señas de identidad más marcadas sea el alto nivel de ornamentación, generalmente empleando colores metálicos y brillantes, motivos zigzagueantes, formas radiadas , dramáticas y que a veces buscarán presentar un aspecto plano y gráfico.

Aún así, y a pesar de su clara expresión en elementos como su coronación o su representativo vestíbulo de entrada, estos elementos estilísticos  están menos acentuados en el Empire State Building que en el tan próximo Chrysler Building.

En el contexto de este competitivo frenesí entre edificios, una verdadera efervescencia de ideas, el mástil de la coronación del edificio se ideó inicialmente como un punto de atraque para los zepelines que a finales de la década de los años 20 comenzaron a servir rutas aéreas comerciales entre Europa y especialmente la Alemania nazi los y Estados Unidos.

Esta coronación del edificio sería de este modo el punto de desembarco de los pasajeros que descenderían desde las aeronaves allí amarradas por una escalera exterior metálica hasta el punto de control de inmigración y aduanas que se situaría en el mismo piso 86.

Estos ambiciosos y quizás vistos con la perspectiva del tiempo, disparatados planes que parecerían únicamente posibles en los felices y locos años 20, no acabaría llevándose a cabo de manera regular una vez finalizado el Empire State Building, habiéndose producido únicamente el amarre de un dirigible al mástil de atraque en 1931 cuando un dirigible de la armada de EEUU intentó sin éxito el amarre en más de 25 ocasiones estando a punto de provocar una tragedia cuando los vientos lo zarandearon de manera violenta.

Años  después, la idea sería definitivamente descartada cuando en 1937 el zepelín Hindenburg fuera consumido por las llamas tras el histórico accidente ocurrido en Lakehurst, New Jersey tras una travesía del Atlántico desde Europa.

El colapso de la bolsa de Nueva York de octubre de 1929 abre un profundo interrogante sobre la viabilidad del proyecto. El frenesí inmobiliario de la década se ve frenado súbitamente en ese octubre negro, y se inicia un estancamiento que no va a disiparse hasta bien entrados los años 50.

Pero la determinación de los promotores no va a verse condicionada por estos acontecimientos. 

Si bien ni Al Smith o Raskob se vieron afectados en gran medida por el colapso bursátil, éste sí afectó a otros muchos inversores menores del proyecto.

Los iniciales planes de Raskob de iniciar las obras en ese mes de octubre de 1929 tuvieron que ser pospuestos hasta que consiguió asegurar un crédito de 27 millones de dólares de la Metropolitan Life Insurance Company para comenzar las obras. Era el mes de Diciembre de 1929.

La empresa constructora que acometería esta ingente obra fue la compañía Starrett Brothers and Eken, ya experimentada en la construcción de muchos otros edificios y que sin lugar a duda estuvo a la altura del reto empresarial, organizativo y técnico que Al Smith y Raskob le planteó al firmar este contrato con ellos.

Los trabajos de construcción comenzarían finalmente el 22 enero de 1930 con dos turnos de 12 horas donde 300 hombres en cada uno de ellos trabajarían sin descanso para excavar los 17 metros de profundidad que servirían de base para la cimentación sobre el lecho de roca del subsuelo de Manhattan donde se incrustarían los cientos de pilotes metálicos que anclan el Empire State a la isla.

Las primeras piezas de acero correspondientes a la estructura se instalaron el 1 de abril de 1930.

El traer al Midtown de Manhattan los más de 15.000 pilares y vigas de acero desde sus factorías en Pittsburgh y su zona de desembarco en el Hudson e instalarlas posteriormente en su definitiva posición en la construcción del edificio supondría un desafío para la logística y el transporte no acometido hasta aquel entonces.

A este ingente número de elementos de acero se sumarían otros materiales de construcción necesarios como ladrillo, tabiquerías ligeras, revestimientos metálicos o piezas de fachada de piedra caliza de Indiana que hoy en día podemos contemplar junto con mármoles de Italia y Francia, maderas del Pacífico Noroeste o granito de Suecia.

La construcción de un edificio de tal magnitud  requeriría una planificación y logística propia de relojeros suizos que supuso que se programara hasta el último transporte de materiales mediante las grúas y ascensores elevadores que tendrían programada hasta la más insignificante de las cargas a izar hasta las distintas plantas del edificio que se iban levantando.

El ambicioso reto que los constructores se propusieron fue el de construir un piso por día para acelerar la construcción, un objetivo del que estuvieron bastante cerca con un progreso de 4 pisos y medio por semana superando el anterior récord en vigor hasta entonces de 3 pisos y medio por semana.

Pero la eficiencia buscada en la construcción del coloso del Midtown no se limitó únicamente a la gestión en la distribución de los materiales y recursos de construcción a pie de obra.

También se buscó la eficiencia en el trabajo y gestión de los operarios y obreros, que fue a la postre una parte esencial en el desarrollo y consecución final de la construcción.

Para ello, entre otras medidas, y permitir que los trabajadores pudiesen hacer dentro de su turno de trabajo sus comidas sin tener que tomar los ascensores y descender a la 5a avenida en busca de su comida, la compañía instalaría a intervalos de 20 plantas cafeterías y comedores donde estos obreros podrían comprar por 40 centavos de dólar su merecido lunch e incluso tomar una taza de café.

Cuando se habla de estos trabajadores, sería injusto no rememorar las condiciones extremas a los que estos se verían sometidos por aquel entonces, trabajando a tales alturas, y especialmente durante el proceso de montaje de la estructura de acero roblonado del edificio.

La propia altura del edificio, la exposición a los fuertes vientos imperantes en la zona y las precarias medidas de seguridad laboral existentes en aquellos tiempos nos dejarían esas impactantes imágenes de los obreros transportando e instalando los roblones encaramados a vigas y caminando sobre el vacío sin mayor medida de seguridad que su equilibrio y pericia, arrojando un saldo final de trabajadores fallecidos en accidentes de 5 víctimas según fuentes oficiales de la compañía, una cifra que fuentes sindicales elevarían hasta los 42 fallecidos.

Un buen número de estos trabajadores en altura serían integrantes de la tribu nativa americana de los Mohawk, venidos desde la reserva Kahnawake cerca de Montreal, y conocidos por su ausencia de vértigo en estos entornos lo cual les proporciona gran capacidad para trabajar en construcciones a gran altura.

Estos trabajadores Mohawk acabarían tomando parte en la construcción de muchos otros edificios de Nueva York e incluso acabarían  estableciéndose en el barrio de Boerum Hill en Brooklyn.

A estos trabajadores en altura especializados hay que sumar otros 3500 que en determinados momentos llegaron a trabajar simultáneamente en la construcción tal como el 14 de agosto de 1930. 

Muchos de estos trabajadores serían principalmente inmigrantes irlandeses e italianos, afortunados por poder ganar un salario diario en medio del desolador panorama económico y social que dibujaba la Gran Depresión marcada por sus rampantes niveles de desempleo y pobreza.

La ceremonial puesta de bandera en el piso 86 a 319 metros de altura, una vez la estructura fue completada se coloca el 19 de septiembre de 1930, 12 días antes de lo inicialmente planificado y el 21 de noviembre, solo dos meses después se coloca sobre la coronación y el mástil que dará al edificio su altura final de 102 pisos.

Mientras tanto, continuarían los trabajos en fachada y el interior, con entre otros, la instalación de los 66 ascensores que la Otis Elevator Company suministró con una velocidad de 366 metros por minuto, y que supuso el mayor encargo de ascensores que la compañía  había recibido hasta entonces.

El coste final del edificio, 40 millones de dólares, claramente por debajo de los 60 millones inicialmente presupuestados para la demolición del Waldorf Astoria y finalización de la construcción del nuevo, fue fruto inevitable del abaratamiento de costes de todo tipo causado por las penurias de la depresión que todavía arreció en mayor medida durante los siguientes años de la década de los 30.

La inauguración del Empire State Building, que fue todo un acontecimiento de masas en la ciudad, y con una recepción de autoridades celebrada en el piso 86, se produciría el 1 de Mayo de 1931, con 45 días de adelanto sobre la fecha inicialmente prevista. 

A ella acudieron personalidades como el entonces  presidente Hoover, quien fue el encargado de accionar el inicial encendido de luces del edificio, el alcalde Jimmy Walker, el propio promotor Al Smith o el por aquel entonces gobernador del estado Franklin Delano Roosevelt, que más tarde se convertiría en uno de los presidentes más determinantes y recordados de la historia de los Estados Unidos, especialmente por sus políticas dirigidas a paliar la Gran Depresión, el llamado New Deal.

Pero al entusiasmo de los fastos y festejos de la inauguración, sucedió la preocupación por la baja ocupación inicial de las oficinas por parte de nuevos inquilinos. 

Si bien los impulsores del proyecto lograron completar la construcción y apertura durante el estallido de la Gran Depresión, fue a partir de 1931 donde los efectos de ésta se propagaron de manera más devastadora por la economía estadounidense y mundial.

El mercado inmobiliario y la construcción sufriría un brutal estancamiento y una ausencia en la demanda de nuevos edificios de oficinas que se prolongará dos décadas.

La estrategia de los propietarios ante esta circunstancia adversa sería no dejar que el edificio aparentase estar vacío a los ojos de la opinión pública.

La solución sería simple: mantener las luces de todas las plantas encendidas, a pesar del consumo eléctrico que ello generaría.

Y si esta desesperada medida no consiguió paliar de manera determinante la ausencia de demanda por parte de nuevos inquilinos, en cambio sí contribuyó a que la ciudad se enamorase irremisiblemente de su nuevo hito.

Una vez abandonadas las utópicas y quizás alocadas pretensiones de que el Empire State fuese ese puerto de atraque para dirigibles, fue en las atracciones para el público que la altura del edificio proporcionaba lo que hizo que tanto a neoyorquinos como a visitantes les entusiasmase pagar el dólar que costaba ascender a su mirador de la planta y 86 y tomar allí una bebida o aperitivo con unas inmejorables vistas al área metropolitana de Nueva York, desconocidas hasta entonces para la mayoría de la población.

A ello contribuiría  también, el estreno el 2 de marzo de 1933 en el Radio City Hall de la película King Kong , el cual encaramándose al Empire State fue la guinda que culminó una inteligente campaña de marketing y publicidad para atraer la atención del público hacia este nuevo prodigio de la arquitectura y la ingeniería.

Aún así, durante los años de la guerra, tampoco se vio exento el Empire State de las medidas preventivas de defensa aérea consistentes en el apagado de sus luces como medida ante posibles ataques.

También, y durante los últimos meses de la guerra, el 28 de julio de 1945,  sufrió el Empire State su único gran percance con la colisión contra su cara norte, entre los pisos 79 y 80 de un bombardero B-25 que volaba hacia un cercano campo de aviación en Newark y cuya tripulación volaba desorientada debido a la espesa niebla reinante ese día sobre la zona.

El accidente se saldó con 14 víctimas mortales, una de ellas en un edificio adyacente sobre el que cayó uno de los motores desprendidos del avión.

Sin embargo, el edificio no sufrió daños estructurales de consideración, por lo que fue reabierto al público solo dos días  después del accidente.

El Empire State Building no fue rentable hasta los años 50, década en la que comenzó a atraer la atención de nuevos inquilinos gracias a la reputación y leyenda que se había creado en torno a él dentro de la cultura popular.

A ello se sumó que en aquellos años dorados de la radio y la televisión, la demanda por parte de muchas compañías de utilizar su torre como privilegiada antena de retransmisión.

A pesar de esta entrada en beneficios, en 1951, Raskob puso el edificio en venta por 51 millones de dólares, el precio más alto jamás demandado por un edificio por aquel entonces.

En los años siguientes, y tras este inicial cambio de propietarios, el edificio volvería a cambiar de manos en varias ocasiones con una serie de complejas transacciones inmobiliarias, algunas de las cuales incluirían hasta un proceso judicial en los años 80 del que fue parte el mismo Donald Trump que pretendía hacerse junto con un grupo inversor japonés del control del edificio, una operación que finalmente no tuvo éxito.

Posteriormente, en 1961, la autoridad portuaria, anuncia su apoyo al nuevo World Trade Center que se empieza a concebir en el bajo Manhattan cerniéndose sobre el Empire State la sombra de un futuro gran competidor y que a la postre sería el proyecto que le arrebatará el título de edificio más alto de la ciudad y el mundo que ostentó hasta 1970 a manos de las malogradas torres gemelas.

La apertura en estas de un observatorio para el público en su planta 110, claramente superior al piso 86 del Empire State supuso un fuerte impacto en su cuenta de ingresos y beneficios.

También muchas compañías que hasta ahora utilizaban sus antenas desde su coronación, decidieron trasladarlas al nuevo complejo del World Trade Center.

A pesar de estos inevitables reveses asestados por la historia y el progreso, este edificio mantenía en 1980 un número de visitas cercano a los dos millones de personas y en mayo de ese año incluso le fue asignado un código postal propio.

En 1981, la Landmarks Preservation Commission, o comisión del patrimonio declara su lobby, primer y segundo piso como hito histórico y en 1986 el edificio en su totalidad pasa a ser Monumento Histórico Nacional por su relevancia en la historia de la arquitectura.

Durante los años 90 se acometerán profundas obras de renovación  y mejora, reemplazando los sistemas contra incendio y de alarma, ascensores, ventanas y climatización además de hacer accesible su terraza de observación en cumplimiento de la ley de accesibilidad denominada Americans with Disabilities Act.

En 2010 se inició un nuevo proceso de renovación a 10 años vista con énfasis en la eficiencia energética y los espacios públicos para mejorar el flujo de los visitantes al edificio.

Esta fase, completada en 2019 incluye el nuevo alumbrado exterior basado en tecnología LED.

A comienzos de la década de los 2000, tras la destrucción del World Trade Center, el Empire State recuperó el título de edificio más alto de Nueva York pero ya muy lejos del trono de los edificios más altos del mundo e incluso siendo únicamente el segundo más alto de EEUU tras la torre Willis de Chicago.

Hoy en día, el Empire State es el 3er edificio más alto de Nueva York tras el World Trade Center One y la torre residencial 432 Park Avenue y en breve se verá relegado de nuevo por el nuevo One Vanderbilt actualmente en construcción en la confluencia de la calle 42 y la quinta avenida.

Tras casi 90 años de majestuosa presencia en el skyline de Nueva York, la silueta del Empire State Building parece un elemento inseparable ya de la historia de esta ciudad y de la vida de los que la han habitado a lo largo de todos estos años, un referente obligado para todo aquel que alguna vez llega a Nueva York y levanta la vista al horizonte en busca de un hito.

Quizás lo más significativo es que, ya sea en la cultura popular, con referencias en la historia del cine como el propio “King Kong”, “An affair to remember” o “Sleepless in Seattle “ como en acontecimientos del mundo del deporte representados por la extenuante subida que cada año se celebra ascendiendo sus escaleras de 1500 peldaños hasta su piso 86, parece que a pesar de haber perdido el Empire State Building hace tiempo su cetro de edificio más alto, aún conservará su parcela en el corazón e imaginario colectivo de muchos de nosotros como ese colosal desafío técnico y empresarial que unos osados emprendedores decidieron llevar a cabo hasta el final, a pesar de no darse para ello las más favorables condiciones.

Hoy, cuando en Nueva York hay en construcción o en fase de proyecto hasta 10 nuevos rascacielos que a medio plazo superarán al Empire State en altura y preeminencia en el skyline, parece difícil que estos nos puedan hacer olvidar la historia de esos visionarios que buscaron un dia ser los más altos.

El paso de las décadas nos enseña que la historia tenía un lugar reservado para ellos.

El podcast Un Minuto en Nueva York cierra 2019 con un episodio hablando sobre el Empire State Building, el icónico edificio construido en 1931 y que todavía hoy destaca en el skyline de Manhattan.

Escucha aquí su historia y la de sus promotores.

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