Podcast: NYC Fruit Carts. The Fruit Guy

Estrenando un nuevo año del podcast, iniciamos con otro de los personajes característicos de las calles y aceras de Nueva York: los vendedores ambulantes de frutas y verduras, o como coloquialmente se les ha venido a llamar, The Fruit Guy.

Son las 4 de la mañana de un día laborable cualquiera.

En la todavía  penumbra de las horas previas al amanecer de un nuevo día, posiblemente en algún lugar de Queens, Brooklyn o el Bronx, sale por la puerta de su apartamento uno de  nuestros protagonistas.

Tras cerrar la puerta tras de sí, camina por las calles todavía silenciosas y casi vacías, hasta la estación de metro más próxima para tomar su habitual tren hasta Manhattan.

Una vez allí, ocupará su puesto al frente del fruit cart que o bien regenta o donde trabaja como empleado, en alguna calle o avenida que cuente  con una buena afluencia de público, tanto de residentes como de los trabajadores que allí acudan a diario a sus puestos,  y que por tanto  propicie un potencial volumen de negocio deseable. 

Desde ese momento, y hasta el final de su larga jornada, se convierte por unas horas, mientras atiende diligentemente a su clientela, habitual u ocasional en The Fruit Guy.

Nuestros protagonistas, hombres y mujeres que despachan productos agrícolas en las calles de Nueva York en sus característicos fruit carts, probablemente sean originarios de lugares tan distantes como Bangladesh, Pakistán, Turquía, algún país centroamericano o incluso México.

Determinar exactamente cuántos puestos y carros de venta de frutas operan en las calles de Nueva York es hasta cierto punto un enigma, dado que los registros oficiales no diferencian entre los distintos tipos existentes dentro de los más de cinco mil vendedores de alimentos autorizados que existen, pero este número es lo suficientemente importante como para haberlos convertido en una faceta integral e icónica del paisaje de las aceras.

Chelsea, Tribeca, el Upper West Side o el Distrito Financiero son algunas de las ubicaciones posibles donde podremos encontrar a nuestros protagonistas al frente de estos establecimientos móviles callejeros de venta de fruta.

Localizaciones, en el caso de Manhattan donde su clientela, aparte de ser los propios vecinos que optan por un comercio local y de proximidad, y que establecen relaciones cotidianas de confianza con estos comerciantes callejeros, suele estar además compuesta por los trabajadores de los negocios y también oficinas que se encuentran en los alrededores, sin olvidar, claro está, a los visitantes de la ciudad en los meses donde esta afluencia es más acentuada.

No nos será difícil encontrarnos y en ocasiones hasta oirles con sus pegadizas frases y vivaz verborrea para atraer la atención del potencial cliente.

Algunos, como Cihan Hamak, un vendedor de origen turco que opera uno de estos establecimientos en el Upper West Side de Manhattan utiliza las plataformas sociales como Instagram para la promoción de su negocio e incluso protagonizó en 2020 un documental titulado “The Fruit Guy” narrando sus experiencias trabajando a pie de calle despachando sus frutas y verduras.

Otro clásico del género en los últimos tiempos son las llamadas “Mango Lady”. Estas vendedoras de mango cortado se pueden encontrar  a menudo en el centro de la ciudad durante las horas pico u otras áreas de mucho tráfico peatonal, tales como el Midtown, Penn Station o Union Square. 

Los mangos y sus vendedoras aparecen en nuestras calles generalmente cuando el clima se vuelve más benigno y permanecen con nosotros durante todo el verano.

Estos mangos son cortados con gran habilidad en rodajas, se sirven dentro de una bolsita  de plástico con cierre y se ofrecen con una variedad de aderezos y condimentos, generalmente lima, sal o incluso salsa picante. 

Estas raciones de mango varían en su precio dependiendo de qué tan turística sea el área donde queramos adquirirlas, pero generalmente se mueven alrededor de la franja de los 5 dólares.

Pero si bien es quizás la estampa más visible y característica, no son estos vecindarios de Manhattan las únicos donde los fruit carts están presentes y juegan un papel esencial en el comercio local y los hábitos de consumo de muchos neoyorquinos.

El programa de Green Carts

Manzana, la fruta estrella en el estado de Nueva York, naranjas, plátano, sandía, tomates o uvas, es solo una pequeña muestra de la variedad que podemos encontrar en estos puestos callejeros de venta de fruta sin tampoco dejar de lado a variedades más singulares y con acentos más tropicales y exóticos.

Hoy por hoy, ya nadie pone en duda la necesidad de ingerir una dieta variada y de la que sin duda la fruta y las verduras han de ser una parte indispensable.

La obesidad y la diabetes, a menudo plagan muchas ciudades del mundo desarrollado hoy por hoy, no siendo Nueva York una excepción, donde un alto porcentaje de los niños en edad escolar se pueden considerar como obesos en mayor o menor grado.

Una de las principales causas de estas deficiencias nutricionales, al igual que en otras ciudades, es la falta de acceso a la compra de frutas y verduras frescas en comunidades y vecindarios considerados como de bajos ingresos.

En 2008, la administración municipal del entonces alcalde Michael Bloomberg lanzaba el llamado programa “NYC Green Cart” para tratar mitigar esta plaga y llevar los productos frescos y a precios razonablemente asequibles a los llamados “desiertos alimentarios” o “food deserts” encuadrados en estas zonas económicamente más desfavorecidas de la ciudad.

Esta iniciativa municipal a su vez formaba parte de un paquete de medidas que se combinaban con otras, con ramificaciones y conexiones incluso con la normativa urbanística, tal como es el denominado FRESH program, el cual incentiva la promoción inmobiliaria con la concesión de edificabilidad adicional a los proyectos a cambio de promover establecimientos comerciales de acceso a productos frescos, un programa del que ya se ha hablado en ediciones anteriores de este podcast.

La meta inicial del programa Green Carts era la concesión de hasta 1,000 permisos de actividad a vendedores ambulantes, con hasta 350 de ellos destinados principalmente al Bronx, una comunidad donde los estudios arrojan como resultado las tasas de obesidad más altas en el estado de Nueva York.

Otras 350 concesiones se destinarían para Brooklyn, 150 para Manhattan, 100 para Queens y otras 50 para Staten Island.

Resultados esperanzadores

Aunque no todos los Green Carts inicialmente incluidos en el programa, continúan a día de hoy operativos, un estudio después de 10 años, de la Universidad de Columbia arroja algunos datos reveladores y hasta cierto punto esperanzadores. De ellos se podría destacar que el 71% de los clientes encuestados informaron sobre un mayor consumo de frutas y verduras frescas desde que compraron en un Green Cart.

El 63% de los clientes se habían convertido en clientes “habituales”, al menos una vez por semana, de los Green Carts.

También, el 68 % de los clientes contaba con ingresos estables de menos de aproximadamente el 200 % del nivel federal de pobreza y el 92% declaraba que la ubicación y los precios son dos razones principales para comprar en los Green Carts.

En una reciente revisión de la reglamentación del programa, y a partir del 27 de agosto de 2022, los llamados Green Carts podrán ahora además ofrecer y vender variedades de comestibles adicionales, aparte de las ya tradicionales frutas y verduras crudas enteras y sin cortar, como son los frutos secos crudos y frutas y verduras en rodajas o ya troceadas, eso sí, únicamente si el carro o vehículo  de venta cuenta con equipo de refrigeración para mantener los alimentos pre-envasados fríos.

Quién los opera

Es en vecindarios como estas áreas urbanas desfavorecidas donde este comercio ambulante y de proximidad es esencial para un acceso básico a alimentos saludables, allí precisamente donde las cadenas de alimentación y supermercados locales no ven rentable la apertura de sus centros de venta.

Tampoco encontraremos aquí los Green Markets o farmer’s markets, donde productores locales de zonas limítrofes se dan cita en lugares como Union Square o Grand Army Plaza en Brooklyn para ofrecer productos generalmente de tipo orgánico y con niveles de producción limitados y que consecuentemente vienen acompañados de precios más altos que los productos que habitualmente se distribuyen en los canales comerciales principales.

Este comercio ambulante, además es a veces una de las pocas oportunidades de integración en el mercado laboral y de establecerse como pequeños comerciantes para muchas personas y obtener una fuente de ingresos propia más o menos estable,  que de otra manera sería más complicado, cuando incluso a veces esto se combina con situaciones de estatus migratorios irregulares.

Ubicado a solo unas pocas millas de uno de los focos de la alta cocina mundial, el vecindario de East New York, Brooklyn, es uno de estos desiertos, una designación para un área que tiene más fácil el acceso a comida rápida, licorerías y tiendas de conveniencia que a opciones de alimentos saludables. 

Vecindarios como este están repletos de los mal llamados delicatessen y bodegas que en su mayoría despachan únicamente productos envasados o empaquetados y como mucho, si tienen suerte, algunas cestas con algún que otro plátano o algunas tristes cebollas.

Los food deserts también son de hecho algunos de los vecindarios más pobres de la ciudad, por lo que pedir comestibles mediante aplicaciones o servicios on-line como Instacart, Amazon Fresh o incluso ir a la tienda de comestibles local una vez a la semana para llenar su refrigerador no es una opción siempre viable o al menos fácil en muchos casos. 

Estos vendedores ambulantes, con sus precios ajustados, más asequibles, y sobre todo, su proximidad, son particularmente esenciales en estos barrios de la ciudad.

Distribución y precios

Como casi todo el comercio local del sector de la alimentación de esta ciudad, estos vendedores adquieren sus productos en Hunts Point, el mercado central de abastos de Nueva York, un centro logístico mayorista ubicado en el sur del Bronx.

Los gastos de operación del negocio más bajos que soportan estos vendedores ambulantes son una de las principales razones por las que están en disposición de ofrecer también unos precios finales más ajustados.

También, y por lo general, son negocios familiares de un solo propietario o más comúnmente formados por parentescos de hermanos, cónyuges o primos, por lo que los costes laborales son generalmente menores.

Pero además de los costes, se une el factor de que  estos puestos de frutas generalmente adquieren del mayorista productos en un estado de maduración más avanzado que el que preferirían los establecimientos de comestibles y supermercados a pie de calle.

Para estos distribuidores mayoristas, esto es una oportunidad para dar salida a esa mercancía antes de que se eche a perder, por lo que bajan los precios de  la fruta más madura pero que todavía se encuentra en perfectas condiciones para su venta y consumo inmediato.

Si somos el tipo de persona que compra habitualmente productos hortofrutícolas frescos para ser consumidos de inmediato, el ahorro puede ser más que  evidente a la hora obtener un producto maduro y en la plenitud de su sabor.

Licencias y permisos

Para ejercer la venta en las calles de Nueva York, es necesario contar con una licencia de vendedor general para la venta de mercancías o una licencia específica de venta ambulante de alimentos para poder servir  estos últimos.

Las licencias de vendedor general están limitadas por ley al número de 853 permisos para solicitantes, excepto si estos se tratasen de veteranos de las fuerzas armadas, que cuentan con un cupo especial. 

Debido a que la demanda es muy superior a la cantidad de permisos establecidos, existe de hecho una lista de espera que ha permanecido cerrada durante más de una década.

Estas licencias se clasifican en dos tipos en función del área de la ciudad donde pueden operar: por un lado, una licencia válida para la venta para toda la ciudad (licencia amarilla) y licencia de venta en el llamado Midtown Core Zone, el núcleo central del Midtown de Manhattan (la licencia azul).

Por otra parte, no es necesaria licencia alguna para vender determinados productos que no sean de tipo alimentario.

Con una identificación fiscal válida, se pueden vender de forma legal en las calles libros, revistas, periódicos o artículos de arte sin ningún tipo de licencia o permiso. 

COVID-19

En medio de la pandemia del Covid-19 que redibujaría por completo el paisaje urbano de Nueva York, estos comerciantes mantuvieron el compromiso con sus comunidades y perseveraron en mantener sus negocios abiertos a pesar de la dramática reducción en sus ventas, independientemente del grave riesgo de contagio durante los difíciles meses de la primavera de 2020. 

Estos vendedores ambulantes son también habitualmente parte de una de los sectores de población económicamente más vulnerables de Nueva York, ya que como muchos otros servicios esenciales no podían trabajar de forma remota y, a menudo, no cumplían con los requisitos administrativos necesarios para obtener las ayudas que los diferente estamentos del  gobierno estatal y federal proporcionaron a la población afectada por el semi-cierre de la economía.

En los meses posteriores, tras la paulatina vuelta a la normalidad, gran parte del debate sobre la reapertura en Nueva York se centró principalmente en el sector de los restaurantes y bares, dejando poco lugar para que los vendedores ambulantes recibieran el mismo tipo de apoyo por parte del gobierno municipal.

Si bien el sector de la restauración, por su magnitud  es vital para la economía de Nueva York y emplea a un gran número de trabajadores, no sería justo pasar por alto al sector de la venta ambulante.

Sobra recalcar de nuevo que estos puestos de productos agrícolas desempeñaron y desempeñan un papel vital a la hora de llevar productos frescos a los vecindarios que tienen poco acceso a ellos y apoyan, como quedó demostrado en 2020, a sus comunidades en los momentos más sombríos.

Conflictos y disputas

En ocasiones, como en todo sector económico que comparte un espacio físico limitado como son las calles más rentables en cuanto a tránsito y ventas,  se producen inevitablemente conflictos de intereses entre los distintos vendedores

Si bien algunos vendedores ambulantes llevan trabajando en una misma esquina desde hace décadas, cualquier reclamación de algún derecho sobre la franja de acera sobre la que uno trabaja es en realidad nada más que un acuerdo tácito entre comerciantes y en ningún caso  un derecho formal o legalmente adquirido.

En las manzanas que por regulación se encuentran abiertas a la venta ambulante, las restricciones oficiales se limitan básicamente al tamaño de la mesa, el no bloquear el tráfico peatonal de la calle o no encontrarse demasiado cerca de la entrada de un edificio o una boca de incendios, lo cual dificultaría una potencial intervención del Departamento de bomberos en caso de necesidad.

No  existe prohibición o norma  para establecerse tan cerca de otro puesto como se quiera, incluso ocupando  su lugar, aunque tales conflictos son relativamente raros y existe una cierta regulación interna del gremio basada en el mutuo entendimiento.

Según ellos “No hay leyes que protejan eso, pero es un mecanismo de autorregulación que ha existido a lo largo de décadas y décadas”.

Sin embargo, cuando este código propio se trastoca y alguien no se atiene a él, puede ser complicado y las fricciones aparecen entre los distintos vendedores.

Para el público, estos conflictos, a menudo sólo  raramente visibles, únicamente sus síntomas pueden ser detectados, como en algún caso de disputas entre vendedores en el Midtown, donde éstas provocan una acentuada competencia en los precios a la baja entre vendedores para atraer al tan anhelado cliente.

Y no solo los precios son el reclamo en la búsqueda de las ventas. Otros, en un esfuerzo por seguir siendo competitivos,  buscan la diferenciación, convirtiendo sus carros en puestos de frutas boutique en busca de un cierto aire de exclusividad, aplicando básicas técnicas de marketing callejero. 

A diferencia de los competidores, que generalmente guardan su fruta en las cajas originales, estos emprendedores que buscan la diferenciación exhiben sus productos en cestas de vivos tonos y colores, y sobre todo, buscando la especialización en la variedades de frutas y hortalizas que  tienen mayor acogida dentro de las comunidades donde sirven, comunidades que a menudo tienen un marcado carácter en cuanto a origen geográfico de sus habitantes.

Quizás cuando normalmente compramos en los habituales supermercados a pie de calle como Trader Joe´s, Wholefoods, Key Food o muchas de las demás cadenas locales, si nos detuviéramos por un momento en el puesto de frutas cercano, descubriríamos que quien regenta este negocio, realmente tiene un buen ojo para seleccionar para nosotros el mango perfecto para que un bocado de esta deliciosa y jugosa fruta nos transporte a un paraíso tropical muy alejado de las ahora gélidas calles de Manhattan. 

Sin largas filas, cajas registradoras y con el cercano asesoramiento de un profesional que conoce su mercancía y nos ayudará a seleccionar el mejor producto de temporada, además de con un precio probablemente menor, apoyaremos a un sector que da vitalidad y sirve a muchas calles y barrios de la ciudad. 

Algunos, incluso ya han aceptado el reto de la modernización y aceptan los diferentes medios de pago electrónico mediante nuestros teléfonos móviles, haciendo la experiencia de compra todavía más dinámica.

Apoyar estos puestos puede ser un hábito tan simple como comprar un melocotón para tomar durante nuestro paseo diario o tan elaborado como preparar un completo picnic para disfrutar de un soleado día de verano en el parque, aderezado con una variedad de nuestras frutas favoritas.

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