
Las Grand Central Stones (ubicadas en el Van Cortlandt Park del Bronx) son un conjunto de muestras de piedra de unos tres metros de altura que el Ferrocarril de Nueva York instaló a finales de 1905 para poner a prueba la durabilidad de diversos materiales ante las inclemencias del invierno neoyorquino.
Estos monolitos —compuestos por granitos, calizas y mármoles enviados por distintos proveedores— sirvieron como banco de pruebas al aire libre para que los arquitectos e ingenieros seleccionaran los materiales definitivos que conformarían la fachada y el diseño exterior de la emblemática Grand Central Terminal.
Tras el proceso de selección, la caliza de Indiana y el granito de Stony Creek fueron los elegidos para erigir la famosa terminal en Manhattan, mientras que los «mock-up » de prueba quedaron en el parque a lo largo de una antigua vía ferroviaria convertida hoy en sendero natural peatonal y ciclista.